La obesidad. Es una epidemia mundial que mata ya a más personas que la desnutrición. Los fisiólogos trabajan para desentrañar las causas de la obesidad y los factores genéticos implicados.

Producido por Orinoco Communications para The Physiological Society
Animación: Hayley Evenett
Ilustración: Alex Scarfe
Diseño de sonido/música: Alexander Bradley
Narración: Elisa Canas
Director: Peter Barker

Asesor científico: Jeffrey M Friedman
Productora en The Physiological Society: Rachel Wheeley

Transcripción:

A veces parece que miremos donde miremos estamos expuestos a anuncios sobre dietas, que nos instan a perder peso.

En todo el mundo, la industria de las dietas factura más de 150.000 millones de libras al año, y la cifra aumenta rápidamente.

Pero, al mismo tiempo, los niveles mundiales de obesidad también están creciendo, y eso importa, porque la obesidad mata ahora a más personas que la desnutrición.

Entonces, ¿qué está pasando? ¿Por qué el autocontrol y las dietas por sí solas no consiguen frenar la creciente epidemia de obesidad?

Las investigaciones de los fisiólogos sugieren que hay importantes factores biológicos en juego.
A saber, que algunos de nosotros simplemente estamos más predispuestos genéticamente a ser obesos que otros.

Las causas fundamentales de la obesidad pueden resumirse así: la ingesta de alimentos, menos la energía quemada, es igual a la grasa almacenada.

Así pues, la obesidad se produce cuando consumimos más de lo que quemamos y se acumula masa grasa.

Pero, ¿qué ocurre cuando se añade la genética a la mezcla?

Nuestra comprensión de este campo ha avanzado gracias a experimentos científicos con una especie de ratón obeso.

Estos ratones siempre tienen hambre y no paran de comer. Nunca se sienten saciados.

Los ratones pesan tres veces más que los normales debido a un defecto en un único gen.

Los científicos identificaron ese gen como el que codifica una hormona llamada leptina.

La leptina es producida por las células grasas e indica al cerebro cuánta masa grasa hay en el cuerpo.

Sin ella, el cerebro cree erróneamente que el cuerpo está hambriento, por lo que los ratones siguen comiendo, aunque hayan ingerido suficiente alimento.

Los científicos trasladaron este hallazgo a los humanos cuando un niño de cuatro años con la misma mutación genética se volvió gravemente obeso.

Con inyecciones regulares de leptina, dejó de comer en exceso y, a los ocho años, ya no tenía sobrepeso.

Los estudios de gemelos nos han ayudado a identificar la base genética de la obesidad.

Los gemelos idénticos que proceden del mismo óvulo y del mismo ADN tienen tamaños corporales muy similares.

Pero los gemelos que proceden de óvulos diferentes muestran mucha más variabilidad.

Estos estudios demuestran que, si bien los genes individuales son ocasionalmente responsables, la mayoría de los casos de obesidad están causados por una combinación de genes que actúan conjuntamente.

Entender las causas de la obesidad dista mucho de ser sencillo, pero factores genéticos como la leptina desempeñan un papel importante para regular la ingesta de alimentos y el peso corporal.

Así que el autocontrol por sí solo rara vez basta para superar el poderoso efecto de los genes.

Por eso los fisiólogos se esfuerzan por evaluar cómo una dieta sana y el ejercicio, combinados con una mejor comprensión de cómo influyen los genes en la obesidad, pueden ayudar a cambiar el rumbo de esta epidemia mundial.